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  • Sandra Solís

Crónica de una campaña (y no precisamente electoral)



Aún no habían dado las cinco y ya estaban frente a El antiguo Iriarte, esperando pues los sábados de tarde no abrimos, algunas de las modelos que habíamos citado para la sesión. Elena y su hija, Patri, mirando hacia los lados de la calle por si nos veían aparecer. Ana, escrutando con interés los escaparates. Y Marianne, apostada, sin más, junto a la farmacia. En cuanto Vane y yo aparecimos, empezó la fiesta. Abrimos la puerta de la tienda y empezamos a repartir vestidos. Por la mañana, los habíamos planchado y colgado en perchas aparte con los nombres de cada una. Hicimos las presentaciones oportunas entre ellas y empezamos a desfilar por los probadores para ir vistiéndonos. Entretanto, llegó mi madre. La idea era cambiarnos en la tienda e ir hacia Materia Botánica, la floristería de Dani Pando donde haríamos todas las fotos, ya listas. Había amanecido un día precioso, soleado, pero fresco. Para cuando estuvimos listas, nos calzamos con las botas que traíamos la mayoría y nos volvimos a enfundar en nuestros abrigos para afrontar el gélido paseo. Nuestro glamour se fue al garete en cero coma lo que provocó muchas risas y más sintonía. Inmortalizamos el momento.



Luz Sol, nuestra fotógrafa y modelo, y su hija Elena aparecieron con prisa, recogieron los vestidos que tenían asignados y salieron pitando para la floristería.

-Ya nos cambiamos allí y le voy haciendo las fotos a Elena, que tiene que irse pronto-, anunció Luz.

María, la única modelo que nos faltaba, llamó para decir que estaba llegando de un viaje y que nos veía directamente en Materia Botánica, que le lleváramos su vestido.

Salimos hacia la calle Fruela totalmente metidas en ambiente, riendo por la calle, quitándonos la palabra, dando ideas para los posados, pidiendo la vez, porque algunas querían marchar antes porque tenían compromisos, ironizando sobre nuestro aspecto, vestidos de verano con parkas y zapatos de invierno.

Cuando llegamos, Luz y Elena ya estaban vestidas y se movían con ligereza por la floristería. “Ponte aquí”, “haz así”, “sonríe”, “mira hacia este lado”, “ahora hacia el otro”, “coge una flor”… Luz impartía instrucciones con firmeza y accionaba el disparador con decisión. Al poco pasó de fotógrafa a objetivo y posó con la misma maestría para su hija, que ahora portaba su cámara. Mientras, el resto de las modelos nos despojábamos de abrigos y botas y pululábamos por esa maravillosa Materia Botánica escogiendo planos, haciéndonos fotos con el móvil, pasándonos la barra de labios.

-Vane, ponte en el sofá. Voy a hacer pruebas de luz-, le pedí a mi hermana.

Ella posó con el vestido y los vaqueros debajo. “Vaya pintas”

-Es que estoy helada-

-Vale, échate para atrás-



A Ana le gustó el decorado y tomó el relevo de Vane en el diván. Con gran maestría apoyo la cabeza y estiró el brazo, en plan diva. “Click”. Genial.



-A ver, Elena, mamá, Ana, sentaros en ese otro sofá. ¡No mejor! Apoyaros en el respaldo y mirarme. Ahora, Ana tírame un beso y vosotras mirar a Ana. Así, genial. Guapísimas, otra. ¡Buah! ¡Fotón!- yo me iba viniendo arriba.






Subió Luz y empezó su sesión con Ana. Tenía prisa y agilizaba el trabajo.

-Sandra, hazme una foto en la escalera- me pide mi madre.

María, que ha llegado hace un rato, se asoma a la puerta del baño, ya vestida. “Necesito que me prendáis el vestido, que me va algo grande”.

-¡Ostras! He olvidado los alfileres- exclamo

-Tengo yo imperdibles- dice Marta, una amiga de mi hermana que pasaba por allí y se asomó a saludarla.



Al tiempo, van entrando algunas chicas que venían a un taller que impartía Dabi Pando arriba, en el pequeño saloncito que tienen habilitado en el altillo.

Materia Botánica empezaba a parecerse al camarote de los hermanos Marx.

Los imperdibles se sueltan en el vestido de María. Le preguntamos a Cova, la mujer de Dani, si tiene alfileres. “No, lo siento”. Cuando estoy a punto de partir en una carrera hacia la tienda, mi hermana sugiere que preguntemos en una tienda de ropa que hay enfrente. ¡Bingo! La chica nos deja su alfiletero y mi madre le adapta la prenda al fino talle de María.

Luz sigue ventilando modelos. Cuando tiene “la foto” cambia de chica. Yo me esmero con el making off. Le pido a Patri que haga algo y ella baila, da vueltas, huele, ríe. Qué bien lo pasamos.




Cova nos saca de la cámara frigorífica hermosos ramos de flores para coordinar con nuestros vestidos. Luz sigue moviéndonos a todas con disciplina militar pero con una dulce sonrisa. Resuelve con soltura porque se muere de ganas de ir a casa de su hija para disfrutar de su nieta recién nacida.

Vane tiene un dolor de espalda tremendo y anuncia que se va, sus fotos ya están listas. Mi madre la acompaña. Patri y Elena también nos dejan. Dani comienza su taller en el altillo y lo escuchamos, de fondo, contar secretos sobre las flores.

Las fotos de María, en la puerta, están quedando chulísimas. Yo le hago una a contraluz con el móvil. Queda muy guapa. Me toca.



-Yo quiero en el suelo, entre macetas. ¿Qué te parece aquí? ¿Lo ves?-, le pregunto a Luz.

-¡Claro!-

Cova saca más macetillas y algún ramo. Luz las coloca. Me coloca. Y yo me río, con la “risa impostada” como la llama mi hija, pero que acaba siendo natural del buen rollo que se respira. La sesión va llegando a su fin. Termina.



Luz recoge los bártulos y se despide. Greta la espera. Las que quedamos también nos ponemos en marcha. Vuelta a ponernos botas y abrigos (por Materia Botánica andábamos descalzas) y regreso hacia El antiguo Iriarte. Nos despojamos de nuestros maravillosos vestidos de verano y nos vamos pitando a por un café calentito. ¡Estamos heladas! Qué duro esto de ser modelo e ir a contrapie. Pero estamos radiantes, contentas, disfrutonas. Ha sido una tarde estupenda y muy divertida. Surgen un montón de ideas y se hacen nuevas propuestas. Será para otra campaña, y no precisamente electoral. Esta ha sido la crónica de una que nos ha encantado y que ha gustado muchísimo, Flores Preciosas. Dos tiendas de barrio, una de flores y otra de ropa, y un montón de clientas colaborando y trabajando todas a una para promocionar el pequeño comercio.

Gracias, ha sido un placer.








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